Santa Cruz de la Sierra

Verano

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Al final de la tarde yazgo boca abajo en el césped del fabuloso jardín de mi suegra Josefina. Es un juego. Mi sobrino Sergito y mi hijito Sebastián están conmigo y se encuentran en la misma posición. Fue una idea de Sebastián. Somos tres exploradores en busca de bichos fantásticos. Sergito comenta: “El suelo huele raro”. Mi hijito dice: “Huele a verano”. Mi sobrino coincide: “Tenés razón, Sebas. Ya no huele a primavera”. No sin arrogancia, Sebastián le dice: “Sé que tengo razón y no me llamo Sebas sino Sebastián”. Yo les pregunto: “¿Cómo saben que este olor es veraniego? ¿Cómo se distinguen los olores de las diferentes estaciones? Yo jamás he asociado las estaciones con distintos olores. De niño, en Holanda, me fijaba siempre en la luz. Me gustaba mucho el verano por las largas jornadas. En pleno verano holandés el sol se pone a las once de la noche. Solíamos acostarnos tardísimo”. Sergito explica: “El suelo aquí huele raro, muy pesado. En verano es siempre así. Mi primo tiene razón”. Sebastián le dice: “Ay, Sergito, mi papá no sabe mucho de la naturaleza y tampoco del clima. Mi papá es periodista. Yo de grande no quiero ser periodista. Quiero ser director del zoológico y del museo de historia natural”. Mi sobrino exclama: “¡Mirá, Sebas! ¡Un gusano gigante! ¡Yo lo vi primero!” Mi hijito rebate, otra vez no sin arrogancia: “Yo ya lo había visto a ese gusano. No es tan gigante y yo no me llamo Sebas sino Sebastián”. Observo: “No puede ser un gusano tan gigante, porque yo no lo veo”. Sebastián se ríe y dice: “Tengo un papá raro. Mi papá es un periodista que no ve nada”. Sergito exclama de nuevo: “¡Mirá, Sebas! ¡Veo una hormiga gigante!”. Ya me perdí el gusano gigante y tampoco logro ubicar a la hormiga. Mi hijito le dice a mi sobrino: “Si volvés a llamarme Sebas, no voy a jugar nunca más con vos”. Mi sobrino insiste: “¿La ves a la hormiga gigante o no? Yo la vi primero”. Sebastián dice: “Yo veo un montón de hormigas gigantes, no sólo una. Hay un súper hormiguero. Mirá allí, al lado de la jaula de la paraba Mandarín”. Sergito me pregunta: “Tío, ¿lo ves? Sebas tiene razón. Hay un súper hormiguero al lado de la casa de Mandarín”. Respondo: “Ya está oscureciendo. Ahora, realmente, no veo nada”. Mi hijito me dice: “Papá, nosotros vamos a seguir jugando. Vamos a imaginarnos que estamos en el verano holandés. Todavía hay mucha luz. Podemos descubrir más bichos raros. Sergio ya no puede jugar, tiene que acostarse ya. Él sigue llamándome Sebas”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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